Nos matan por tener cuerpo de mujer: Usan la violencia para dominarnos

En lo que va del año son 37 los femicidios reconocidos por el Sernameg, quien siguiendo la ley, los define como el “homicidio cometido contra la mujer que es o ha sido cónyuge o conviviente del autor del crimen”. Dicha definición no sirve, pues son muchos más los asesinatos hacia las mujeres, muchas mueren en manos del pololo o por el simple hecho de ser mujeres, sin embargo estos no cumplen con esta categoría, aun cuando son crímenes de odio contras las mujeres. Son muertes que marcan con sangre y dolor nuestra historia, y que no son más que el último escalafón de violencia que sufrimos de forma cotidiana. Este es el panorama actual de las mujeres en la región chilena y de muchas en el mundo.

Sin duda, el femicidio es la materialización más cruda y extrema de la violencia, de una violencia estructural, que ha sido construida históricamente en un imaginario colectivo y la que, además, se encuentra atravesada por la raza y la clase, y que es ejercida por los hombres bajo el amparo de la institucionalidad incuestionable de la familia, el matrimonio y/o relaciones de pareja. Es en el ámbito privado e íntimo de la pareja, en nuestras casas que se suponen deberían ser el lugar más seguro, donde ocurren los crímenes más perversos sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, el lugar predilecto por los machos abusadores, quienes bajo el manto del silencio ejercen su dominio sobre nosotras, el que se extiende como un dominio físico, sexual, amoroso, económico y político, ya que controlan todos los ámbitos. Somos víctimas de un sistema patriarcal-capitalista que históricamente ha instaurado sobre la consciencia de la humanidad que las mujeres somos inferiores, reemplazables y objetos a dominar y donde la violencia es normalizada y reproducida al interior de las familias.  Prácticamente todos los hombres, ya sean blancos, negros, indígenas, burgueses y proletarios, se valen de los privilegios del patriarcado, se valen de la violencia para ejercer su poder sobre nosotras, razón por la cual se convierten en uno de nuestros principales enemigos.

El patriarcado ha creado un sistema de valores donde existen categorías y jerarquizaciones sobre lo que debe ser y no ser. A partir de ello, es que ha situado a los hombres como modelo a seguir y admirar y dejado, todo lo demás, como objeto a dominar. En consecuencia, el cuerpo de las mujeres ha sido una de esas tantas esferas a dominar, en conjunto con el planeta tierra, los animales y cualquier cosa no-hombre. Ha sido por medio del uso de la violencia que el patriarcado ha ejercido una violencia sistemática, cotidiana, estructural, y que se funda en lo más profundo de las relaciones humanas, como en el plano de los afectos, de las relaciones de pareja, en la cosificación de los cuerpos de las mujeres al verlos como una mera entretención, en el matrimonio y la familia al ver nuestros cuerpos como objetos para la reproducción, en la heteronormatividad, en la destrucción y saqueo de la naturaleza y en la ocupación de los territorios ancestrales para la explotación capitalista.

No es raro, que cotidianamente nos enteremos a través de los medios masivos de comunicación de nuevas muertes de mujeres en manos de sus esposos, ex parejas, pololos, amantes, padres ¿Es que acaso tenemos que acostumbrarnos a que nos maten? ¿Qué haremos para terminar con esta violencia política? Estos crímenes tienen aspectos comunes, como el que todas las víctimas tienen cuerpo de mujer, que en su mayoría se rebelaron ante esta violencia, y que han sido ejercidos por hombres de las formas más terribles, a Nabila la golpearon en la cabeza con una roca de concreto y le sacaron sus ojos con una llave; a María la asesinaron a hachazos en su hogar; a Patricia y sus hijos les rociaron bencina y prendieron fuego mientras dormían y así, lamentablemente se transforma en un largo etcétera. ¿Qué pasa con la justicia? Es claro, ella no existe para nosotras en tanto profundizan la violencia al cuestionar nuestros dichos, las declaraciones de las víctimas, al sobreexponernos mediáticamente, entre otras. Por ejemplo, es normal que en la prensa los crímenes de femicidio sean un caso más, algo “normal” y argumenten que “la mató por celos”, ya que en ningún caso se pone en cuestionamiento el sistema patriarcal que subyace y gatilla estos actos de violencia.  Y es la misma violencia misógina, lesbofóbica, con la que asesinaron a Nicole Saavedra en la ciudad de Quillota, la que además ni siquiera es considerada como femicidio debido a que no existe ninguna relación parejil que lo avale. Es la misma violencia que utiliza la policía, la cual aprovechándose de su poder es capaz de abusar sexualmente de estudiantes movilizadas en sus liceos, quienes justamente se encontraban visibilizando y denunciando acosos y violencia sexual.

Todas son violencias políticas, porque ocurren en el ámbito privado, íntimo y en la esfera pública y social, siempre tienden a separarlas, a hacer como que no existe y, cuando visibilizamos y denunciamos la violencia “privada” nadie hace algo, los hombres se quedan impávidos, todos son unas blancas palomas que jamás han ejercido violencia con sus parejas o con mujeres ¿Acaso hay hombres que no ejercen o nunca han ejercido violencia? ¿Han sido capaces de revisar sus prácticas íntimas? ¿Existen diferencias entre quienes ejercen la violencia? ¿Acaso la violencia contestataria del poder del capital y estatal es más relevante que la violencia que nos asesina en nuestras casas? Nos matan y a nadie parece importarle, nos torturan como en los tiempos de la inquisición o la dictadura y a nadie parece importarle, porque estamos en la cultura del femicidio, del genocidio y de la misoginia contra las mujeres. Así, continúan existiendo diversas maneras en las cuales se naturaliza y reproduce la violencia hacia nosotras. Bajo esta lógica de dominación es que los hombres se sienten con el poder de decidir sobre nuestras vidas, sobre nuestros cuerpos, sobre nuestros deseos y, por ende, decidir con quienes nos juntamos, hacia dónde vamos, acosarnos en la calle o en una fiesta, a tocarnos sin nuestro consentimiento; este es uno de los tantos privilegios con los que los hombres cuentan. La misma lógica de dominación y violencia se replica en las instituciones: El Estado y la Iglesia, también creyéndose dueños de nuestros cuerpos y decisiones, nos prohíben el aborto criminalizándonos a todas quienes lo defendemos o lo practicamos, a lo que se suma las condiciones riesgosas a las que nos sometemos para poder hacerlo en la clandestinidad; la creación del matrimonio como estandarte de la buena familia y con ello del servicio doméstico y sexual obligatorio, y que muchas veces se materializa en una doble jornada laboral y violación, y que para perpetuarla nos obliga a quedarnos calladas y continuar durmiendo con nuestros enemigos.

Y… ¿Ante este panorama qué nos queda? ¿Quién más que nosotras mismas para defendernos? Debemos hacer nuestra propia justicia, por esto es que se vuelve sumamente necesario que las mujeres recurramos a nuestros círculos de apoyo, de amigas o familiares confiables y que no nos aislemos, porque esto es justamente lo que buscan. Practiquemos el separatismo como estrategia política para crear ambientes seguros y en los que podamos desenvolvernos sin miedo, donde nuestras palabras sean escuchadas con certeza de encontrar respuestas y apoyo, y por otra parte, espacios que sean para construir nuevas formas de relacionarnos solidariamente, enfocarnos hacia el autoconocimiento, para reflexionar sobre lo que significa ser mujer y diseñar la manera para generar transformaciones vitales para nosotras. Arma tu piño, organízate, visibiliza la violencia, respondamos con rebeldía y autodefensa a su maldita violencia.

¡Juntas somos huracán!

Luna Negra – Concepción

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s