Renacionalización del cobre, una mirada más allá de los que solo quieren controlar el Estado

Mucho se viene hablando por parte de la izquierda en los últimos años y con mayor énfasis por las nuevas elecciones, respecto a la posibilidad de la renacionalización del cobre. Este añorado sueño de los sectores progresistas se plantea como la recuperación de la riqueza ya nacionalizada durante el gobierno de Salvador Allende en 1971, pero en un contexto totalmente diferente, tanto social como política y económicamente.

Analizaremos dos aspectos referentes al metal rojo. En primer lugar la situación de hoy comparada con la de las décadas de 1960-70, en cuanto a lo social, pueden parecer similares, sin embargo, uno de los actores principales del proceso como son los trabajadores y trabajadoras del cobre, han cambiado de manera sustantiva en las últimas décadas. Primero encontramos durante la dictadura y con mayor fuerza luego de los años novena la entrada de amplias capaz de trabajadores/as subcontratados/as, los que hoy en día ya han pasado a ser varias veces más que los/las de planta, ya sean de la estatal CODELCO o de las mineras privadas. Así como en lo laboral están separados, en lo sindical también, encontramos a los trabajadores de la gigante del Estado agrupados en la Federación de Trabajadores del Cobre (FTC), heredera de la histórica Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC) fundada en 1951, la cual de combativa ya no tiene nada y actúa como bloque junto con las jefaturas en la mayor parte de los casos. Mientras que a los subcontratados los encontramos agrupados mayoritariamente en la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), fundada el 2007 y que a los largo de la última década ha encabezado diversos conflictos con la estatal y el Estado, así como también con algunas mineras privadas[1].

Diferente es la situación de hoy respecto a la de 1971, ya que nos encontramos frente a dos grandes agrupaciones, que se plantean antagónicas y que enfrentan al mundo privado con el estatal, situación similar se vivió en el siglo pasado, sin embargo se logró sopesar la diferencia entre empleados y obreros a mediados del siglo con la fundación de la CTC que agrupó a los sindicatos que los aglutinaban a ambos. Nos encontramos por tanto ante una desunión respecto a lo sindical. Pero más allá de eso la diferencia sustantiva son los niveles de conciencia de clase por las que tienen estos sectores. A diferencia de las paralizaciones de las décadas de 1950-60-70, las que fueron principalmente por la lucha para la nacionalización o en respuesta a los proyectos que buscaron aplazarla como fueron el “Nuevo Trato” o la “Chilenización”, hoy en día las huelgas son principalmente por temas económicos (bonos) o de obtener las condiciones básicas para poder trabajar dignamente. Ya que no se han registrado grandes movilizaciones por la renacionalización en específico.

Por tanto nos encontramos ante un escenario totalmente diferente, con obreros que no van a querer dejar de tener grandes sueldos, muchas veces millonarios y que tampoco van a querer dejar de tener bonificaciones que en algunos casos como el de Escondida han alcanzado los 20 millones de pesos, lo cual no deja de ser ya que esta es una de las minas más grandes del mundo. Por tanto ¿va a querer un trabajador o trabajadora dejar de obtener estos millonarios montos cada dos años?, la respuesta es obvia. Nos encontraríamos frente a casos como los de El Teniente o Chuquicamata durante la Unidad Popular, paralizando sus faenas por la pérdida de beneficios económicos o por el no aumento de estos, sin duda una situación difícil y que llevó a fracasar la nacionalización en sus aspectos sociales.

Hay puntos de la nacionalización de los que ni siquiera se habla hoy en día, entre estos tenemos todo lo que fueron los trabajos voluntarios de obreros, mineros y la comunidad completa en la faenas, con el fin de mantener la producción, que era boicoteada o que había sido boicoteada por las administraciones norteamericanas, lo que fueron los embargos en puertos europeos de varios barcos cargados con toneladas de cobre. Este compromiso que se tenía con el proceso fue gracias a la conciencia que muchos trabajadores y trabajadoras tenían y lo cual hoy es muy distante de la realidad. Asimismo el proceso de nacionalización incluyó la entrada de los sindicatos a la administración de las empresas, punto que de igual manera hoy en día no hay ejemplos ni siquiera en CODELCO[2].

De ser renacionalizado el cobre, entendemos que todas las mineras pasarían a ser controladas por CODELCO, por tanto nos cabe hacer algunas preguntas ¿continuaría el subcontrato? ¿Tendrían participación los sindicatos en la administración?, CODELCO seguiría funcionando de la misma forma, donde hoy en día lo que hace es financiar a una administración del Estado en la cual todos y todas roban. Y en último lugar ¿Seguirían todas estas mineras funcionando al ritmo de hoy en día?

Esta última pregunta nos lleva al segundo punto que desarrollaremos que es el ligado al medio ambiente y a aspectos ecológicos. La minería del cobre hoy en día es de las más contaminantes que hay en la región chilena. En primer lugar acaba con el recurso hídrico, generando sequía en todo el norte y la zona central. En segundo lugar está el tema de los relaves, los cuales son incontables a lo largo del territorio, pasando por casos como el del tranque “el soldado” que en 1965 mató a casi mil personas cuando colapsó luego de un terremoto o el caso de Chañaral, ciudad que tienen en sus costas millones de toneladas de relaves que fueron vertidos primero por la Andes Copper Mining Company hasta 1971 y luego por la COBRESAL y CODELCO, división Salvador hasta mediados de la década de 1980. A estas podemos sumar el caso de Calama y el tranque Talabre o los galpones de concentrado instalados en el centro de Antofagasta y un sinfín de desastres ambientales que podrían sumarse.

¿Por qué deberíamos confiar en que esto cambiaria? Tanto las empresas norteamericanas, como CODELCO y la minería privada han destruido el medioambiente hasta el punto de causar desastres sin punto de retorno. Por tanto nuestra postura como anarquistas no debería ser por una nueva nacionalización, para que el Estado siga destruyendo el planeta, sino por otra forma de vivir, otra forma de producir, nadie dice que en un futuro no necesitaremos cobre, sin embargo la escala a la que se produce hoy en día no responde a nada más que a las lógicas de mercado las que solo destruyen todo a su paso.

Nuestra lucha debe ser contra el extractivismo, contra el Estado y el Capital, para de esta forma acabar no con el saqueo de los minerales, para pasar a realizar esto como pueblo, sino que a acabar con un modelo que nos destruye, que nos contamina y nos mata, no solo a nosotros y nosotras, sino que también a las especies animales y vegetales que con las cuales convivimos.

¿Renacionalización?, no gracias…

Ricardo Masias

[1] Existen algunas federaciones o agrupaciones más pequeñas pero por temas de espacio no podemos profundizar en ellas.

[2] Entendiendo que el cupo que se da en el directorio a la FTC, hoy en día no es más que un placebo, ya que quien lo ocupa, Reimundo Espinoza, no hace más que velar por los intereses personales y los de la estatal, dejando de lado los intereses de los sindicatos y sus afiliados/as.fundicion-ventanas-el-mer_9714

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