Entrevista: Coordinadora 8 de marzo

Según ha señalado Alondra Carrillo, vocera de la Coordinadora Feminista 8M, esta instancia surgió a inicios del 2018 como forma de organizar la conmemoración del “Día Internacional de la mujer trabajadora”.

“En marzo, pasada la marcha-relató Alondra a emol-, tomamos la decisión de seguir existiendo como coordinadora para organizar el camino a la huelga y nos fijamos tres objetivos: transversalizar una perspectiva feminista al interior del movimiento social, dinamizar la articulación entre distintas organizaciones a lo largo del territorio nacional y plantear una agenda común de movilizaciones contra la precarización de la vida, que había sido la consigna en torno a la que nos habíamos articulado para el 8M”.

Desde ese tiempo hasta ahora, la Coordinadora Feminista 8M se ha transformado en uno de los principales motores de las actuales movilizaciones, y, además, en una propuesta de organización que pretende barrer con las viejas costumbres políticas, mientras propone y ejecuta innovadoras prácticas de liberación. Nacida con el objetivo específico de coordinar el 8 de marzo, pronto los entusiasmos desbordaron las pretensiones iniciales, y su proyección, más allá de este día, ha subvertido el anquilosado panorama político y social, renovando los horizontes de lucha. Hitos como la marcha del 8 de marzo y por el aborto “libre, seguro y gratuito”, el Encuentro Plurinacional de Mujeres que Luchan, el cual, en su primera versión logró reunir a más de 1.300 asistentes, cifra duplicada el 2020 con más de 3.000 personas, y su participación en la revuelta popular en marcha, dan cuenta de un cambio trascendental en la sociedad. Con el objetivo de profundizar en sus características, objetivos y reflexiones, nos reunimos con Javiera Manzi, una de las voceras de la Coordinadora Feminista 8M.

ORGANIZACIÓN Y FORMA DE FUNCIONAMIENTO¿Cómo funciona la coordinadora?

Nosotras funcionamos a través de asambleas, que son los espacios donde generamos discusiones y deliberamos colectivamente nuestras orientaciones comunes. Tiene ciertos principios, desde que surge la Coordinadora en el contexto de la preparación de la marcha del 8 de marzo 2018, donde se decide que esa coordinación se va a sostener. En esta marcha se levanta la consigna “mujeres trabajadoras contra la precarización de la vida”, lo cual marcó un énfasis muy importante, a partir de pensar la violencia patriarcal vinculada a lo que nosotras entendemos como precarización de la vida, característica del actual contexto marcado por la crisis de la reproducción social propia del neoliberalismo. Entonces, en ese momento, se decide que la Coordinadora va a tener principios orientadores. Uno subjetivo sería la transversalización del feminismo en los movimientos sociales; otro consistiría la articulación desde los feminismos contra la precarización de la vida; y tercero, organizarnos para levantar-lo que en algún momento se vio como una proyección- El Encuentro Plurinacional por las que Luchan. Esas serían las primeras orientaciones, y, desde marzo del 2018 hasta hoy, en enero del 2020, la forma en que nos hemos ido organizando se ha ido complejizando. Hoy en día existen muchos comités y comisiones; está el comité socioambiental, del que participa el Movimiento por el Agua y los Territorios y la Coordinadora de Justicia para Macarena Valdés, además de activistas socioambientales independientes. Está también el Comité Educacional, donde se organizan trabajadoras de la Educación, profesoras, estudiantes secundarias, universitarias. El Comité de Trabajadoras y Sindicalistas, que es un Comité donde participan tanto dirigentas sindicales como trabajadoras organizadas del mundo productivo y reproductivo, que para nosotras es un énfasis muy importante para comprender el trabajo. Dentro de eso, está también un Comité de la Salud, levantado por trabajadoras de la salud, que están comenzando a organizarse. Está la Comisión de Comunicaciones, donde hay un equipo de audiovisualistas, un equipo de gráfica, un equipo de redes sociales, un equipo de prensa.

Hay articulaciones territoriales. Por ejemplo, está la articulación Santiago Centro. Desde ahí se está articulando a quienes hoy día forman parte de las Asambleas Territoriales, en nuestros distintos barrios. Está también la Brigada Laura Rodig, que es una brigada de arte y propaganda al interior de la Coordinadora. Hay un Comité de Memoria y Derechos Humanos, y el Comité Internacionalista.

Entonces, la orgánica de la Coordinadora se basa en que, de cada uno de estos espacios, existan delegadas, cuyos roles son rotativos. Tenemos un espacio, que es la Asamblea de Delegadas, donde se generan coordinaciones, más que resoluciones. Se revisa el avance de algunos trabajos, y se acuerdan próximas reuniones y asambleas, porque el espacio de deliberación efectiva de la Coordinadora es su asamblea abierta, es ahí donde tomamos decisiones. A esta asamblea pueden llegar compañeras que están dentro de la Coordinadora, y personas que no.

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¿Y esto es solo en la región metropolitana?

Claro, todo lo que he contado hasta ahora corresponde a la región metropolitana.

Me faltó mencionar también la articulación plurinacional, que tiene relación con la vinculación entre las distintas Coordinadoras 8m, u otras colectivas o agrupaciones feministas a lo largo de todo el país. Eso nos ha permitido ir estrechando una red para pensar acciones conjuntas. Organizar, por ejemplo, el Encuentro Plurinacional de las que Luchan.

También existe un espacio de articulación de la Coordinadora, que se vincula con espacios que, sin ser parte de la Coordinadora, tenemos relación directa. Por ejemplo, con la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, la Colectiva Manos Libres, que es una colectiva anticarcelaria, con organizaciones territoriales. Entonces también está esa proyección, de estar permanentemente vinculándonos no solamente hacia adentro, sino también hacia afuera.

Como decía, tenemos estas asambleas y tenemos también plenaries, donde participan personas que desarrollan un trabajo activamente en la Coordinadora. Son instancia que se publican activamente, ya que la idea es que se puedan sumar compañeras y compañeres cuando quieran y puedan tener participación. Por eso, algo significativo que tiene la Coordinadora es su intención de ser un espacio multitudinario, masivo, de organización feminista, con todas las complejidades que esto trae, con todos los desafíos que presenta a la democracia interna, que para nosotras es muy relevante, pero siempre tratando de construir un espacio político feminista que sea autónomo de los partidos políticos. Esto no quiere decir que no haya militantes dentro de las coordinadoras, las hay, ya que para nosotras es importante que existan militantes, pues la cultura militante es relevante, pero, a la vez, es significativo remarcar que la orientación de la Coordinadora es autónoma.

Y, actualmente, hay tres voceras. Una soy yo, otra es Alondra Castillo, y otra es Constanza Suárez, que también fuimos elegidas en Asamblea. También está la Pancha Fernández, que es la vocera socioambiental de la Coordinadora.

¿Las vocerías se eligen en las asambleas?

Sí.

El cómo funciona la Coordinadora es una pregunta abierta, porque, en general, las Coordinadoras son espacios de articulación que permiten mucha apertura, pero, al mismo tiempo, mucha complejidad en cómo se pueden tomar decisiones, llegar a lecturas comunes, pero a la vez no soltar la diversidad interna, que para nosotras es muy importante. Entendemos que al interior de la Coordinadora coexisten diversos feminismos, y eso es algo que nos parece importante cuidar; evitar que se genere una homogeneidad que no nos interesa.

El feminismo, y, dentro de este, la coordinadora, han procurado promover la horizontalidad como forma de afrontar la autoridad del patriarcado. Frente a este posicionamiento, ¿de qué modo se diferencia esta organización a otros grupos políticos como partidos o federaciones? Considerando los problemas denunciados al momento de la salida de Unidad Social, donde acusaron negociaciones a puertas cerradas.

La participación dentro de Unidad Social fue una discusión que tuvimos desde el comienzo en la Coordinadora. En cada una de las asambleas que teníamos se abordaba nuestra participación y se discutía sobre los sentidos, las dificultades y límites de esa participación. Para nosotras es central la posibilidad de ir politizando las discusiones y estos espacios.

Lo que nos llevó a determinar nuestro retiro fueron una serie de discusiones previas que habíamos levantado. Son decisiones que corresponden a una colectividad, a un momento de asamblea, de discusión abierta, que, precisamente, van a contrapelo de los modos de organización, de deliberación y burocracia, sean estas sindicales o de cúpulas de partidos, que, como hemos visto en estos tres meses, han tomado decisiones sin consultar a las bases, lo cual para nosotras es un ejercicio permanente de imaginar otra política, y que es la potencia del feminismo hoy en día: la posibilidad de imaginar otros horizontes políticos, así como otra forma de construcción política. Ese ha sido para nosotras un desafío permanente. Pero tenemos esa tensión interna. Por ejemplo, esta idea de la transversalización del feminismo en los movimientos sociales y la orientación a definir límites dentro de esa participación. Nosotras participamos de Unidad Social entendiendo que era un desafío, ya que comprendemos que el feminismo no es algo dado en los movimientos sociales, es una disputa, y una disputa abierta, por lo que nos parecía importante disputar ese espacio. Libramos una política al interior de Unidad Social que mantuvo una voz crítica siempre, de construcción, pero también una crítica que fuera abriendo curso a las distintas voces, ya que no es un espacio homogéneo. A pesar de que hay sectores que han buscado dirigirlo, tomando decisiones sin consulta, hay muchos otros movimientos con los cuales teníamos mucho acuerdo.

El momento en que podemos definir que hay cuestiones que transgreden principios con los que podemos establecer organización, fue cuando vimos que nuestra participación no incidía en absoluto en definiciones tan significativas como sentarse con el Ministro Blumel, tener acuerdos con los partidos de la oposición, o tener reuniones con parlamentarios. Ahí dejó de tener sentido hacer política dentro de Unidad Social, ya que pensábamos que el feminismo venía a revitalizar ese espacio, pero no tiene sentido que nos nombren en la prensa, y después no nos consideren en la toma de decisiones

Y, respecto a la crisis de representación política, ¿qué formas de participación proponen?

Nosotras sabemos que lo que está en curso ahora es una impugnación radical a las formas políticas de la transición, y, particularmente, a los partidos de la transición que han administrado la precarización de nuestras vidas. Eso lo hemos leído, y por eso nosotras sostenemos una autonomía respecto a esos partidos, porque entendemos que son responsables políticos de las condiciones de vida que hoy entran en crisis. Por lo mismo, nuestra apuesta ha sido fortalecer el espacio de los movimientos sociales, fortalecer los tejidos que se construyen desde las asambleas territoriales, desde las organizaciones sindicales, estudiantiles, socioambientales, y desde ahí ir construyendo una política que, sin desconocer el lugar de los partidos, construye una alternativa, lo que para nosotras es prioridad: ser protagonistas de ese proceso, tomando una voz activa desde los movimientos sociales.

¿Cómo evalúan el impacto que el discurso de la Coordinadora ha logrado, particularmente en una generación mayor que, afectada por un machismo atrofiado, ha releído su vida, sumándose a la lucha feminista? Fenómeno reflejado, por ejemplo, en la intervención “Un violador en tu camino”, versión “senior”, realizada a inicios de diciembre del 2019 en el Estadio Nacional.

Eso es una de las cosas más poderosas que tiene el feminismo, esa posibilidad de conectar nuestras experiencias personales como experiencias políticas. Entender, también, cómo se genera una memoria y una posibilidad de vínculo intergeneracional muy poderoso, que es el que construimos entre compañeras, pero también con nuestras abuelas, vecinas. Al interior de la Coordinadora, también es importante decir, la integramos mujeres y disidencias de distintas edades, no somos exclusivamente jóvenes, pero sí entendemos que el lugar que ha tenido en los últimos años el feminismo les ha abierto las puertas a muchas que durante mucho tiempo no se consideraban feministas, aun siendo mujeres luchadoras en distintos espacios. Consideramos que ahí hay algo muy poderoso, en la medida en que empiezan a reconocer en ellas una potencia, reconocer también la violencia frente a la que no van a callar, comprendiendo muy bien, cómo lo señala la letra de Las Tesis “un violador en tú camino”, que la culpa nunca es de nosotras cuándo somos víctimas de la violencia patriarcal. Para nosotras también es significativo la responsabilización a las mismas autoridades políticas, cuando se señala la violencia política sexual como una práctica sistemática del terrorismo de Estado, es una forma de decir que no son casos aislados, y tampoco, como lo dice la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, son personas enfermas, sino sanos hijos del patriarcado. No son prácticas de excesos, sino que son prácticas sistemáticas del terrorismo de Estado.

También es muy significativo que, si bien hay quienes se han comenzado a encontrar con el feminismo en los últimos años, en Chile existe una larga tradición y trayectoria de la memoria feminista. Para nosotras es muy importante generar el vínculo con lo que llamamos el “hilo rojo de rebeldía feminista”, ya que entendemos que en el país el movimiento feminista surge de la clase obrera, siendo las obreras las primeras en definirse feministas, que, a principios del siglo XX, eran trabajadoras textiles que comenzaron a levantar la voz, reconociéndose dentro del movimiento obrero como feministas. Eso habla mucho del feminismo que nosotras buscamos construir. Luego vienen las sufragistas, el MEMCh, y ya, durante la dictadura, agrupaciones que lucharon por la defensa de los DDHH, como la Agrupación de Mujeres por la Vida o todo el movimiento feminista de los 80’, que fue muy significativo. Nuestro interés es entender que el feminismo tiene mucho de herencia, y lo que nosotras construimos hoy es herencia de estas mujeres que lucharon durante toda su vida en múltiples espacios. De ellas heredamos esa fuerza con la que hoy salimos a las calles.

¿Cuáles creen que han sido los principales temas que la Coordinadora ha logrado visibilizar?

Bueno, uno, sin duda, es la idea de la precarización de la vida. Creemos que ha sido muy significativo la posibilidad de conectar cosas que parecían ser disgregadas o que vivíamos por separadas. Entenderlas como todas formas de precarización, que es estructural, y que se expresa en la educación, en la salud, en las pensiones, por supuesto, también, en la restricción a nuestros derechos sexuales y reproductivos, en torno a la niñez, y nuestros territorios. Consideramos que eso es algo que hoy en día está muy instalado, y que abre una forma de leer esta crisis que está en curso, una crisis que ya muchas califican como la crisis de la precarización de la vida. Por eso es interesante esa idea, porque permite entender que no solo se precarizan ámbitos de trabajo, sino que se precariza la vida completamente, los afectos, las relaciones interpersonales. Junto con eso, se debe señalar que el feminismo no es un discurso que hable de una agenda determinada, o de algunos temas, o que nos traten de vincular con una suerte de especificidad. Para nosotras, la potencia del feminismo es su perspectiva transversal, desde donde estamos imaginando la vida que queremos y por la que vamos a luchar, y eso nos lleva a poder hablar de todo. Esto ha sido un énfasis que como Coordinadora hemos estado instalando, cuando decimos que hablar de las luchas socioambientales es hablar de feminismo, hablar de las luchas por la vivienda es hablar de feminismo, hablar por la lucha de la educación, de la salud, de la memoria.

Por último, sin duda, también el impulsar el 8 de marzo del 2019, la huelga general feminista, entendiendo que nunca había habido una huelga general, pues siempre se contemplaba solo el trabajo productivo, pero no reproductivo, y para nosotras necesariamente la huelga general es de todos los trabajos que sostienen la vida. Junto con eso, esta huelga sería feminista porque sería protagonizada por las mujeres y disidencias. Esa idea de retomar la potencia de la herramienta de lucha de la huelga, como una herramienta de la clase trabajadora en su conjunto, fue para nosotras algo muy importante, ya que implicaba entenderla dentro del contexto en Chile, donde no existe el derecho a huelga. Para nosotras fue un deseo que teníamos que revivir desde los movimientos sociales. Sabemos, también, que cuando decimos huelga, en muchos trabajos hay una imposibilidad de la huelga, como dice Verónica Gago para el caso de Argentina. Para nosotras es muy importante cuestionarnos respecto a ¿cómo pensar una huelga que permita la participación, y la interrupción de la normalidad lo más amplia posible, e ir incorporando cada vez más a sectores que históricamente no se habían podido reconocer dentro de espacios de trabajo?

El Segundo Encuentro Internacional de Mujeres, organizado por el EZLN en diciembre pasado, convocó a más de tres mil asistentes provenientes de diversos puntos del globo. Considerando el éxito de su concurrencia, ¿cómo ven actualmente al feminismo latinoamericano?

Nosotras consideramos que estamos viviendo lo que llamamos un vértice histórico. Es un vértice que se abre cuando enfrentamos, por una parte, el avance de la ultraderecha y sectores fascistas, y, por otro, la fuerza con la que se está levantado el feminismo, que para nosotras es un feminismo antifascista y anticapitalista levantado en toda América Latina. Vemos ahí que se abre una posibilidad de imaginar una alternativa a lo que entendemos como fuerzas de la muerte, representada, por ejemplo, por Bolsonaro en Brasil, que vemos ahora en Chile con Piñera, que estuvo en Argentina con Macri, y en los sectores de la iglesia fundamentalista. Ante eso, quienes se están oponiendo, levantando resistencias, y pensando alternativas, creemos, es el movimiento feminista, un movimiento protagónico de este proceso. Más que esperanzadas, sabemos que es una tarea que asumimos con responsabilidad política, que es muy grande, porque precisamente es pensar cuáles van a ser las salidas a esta crisis, que es global, que tiene que ver con la crisis ecológica, económica, y de la que tenemos que salir, precisamente, construyendo alternativas.

¿De qué forma creen que afecte a las generaciones más jóvenes las luchas dadas por la Coordinadora 8M?

Nosotras esperamos, fundamentalmente, que lo que hacemos como Coordinara y Movimiento Feminista en general, lleve a una politización permanente de nuestras vidas, a abrirnos a la necesidad de la colectivización de la experiencia, a la necesidad de construir luchas de manera colectiva. Lo importante, en cualquier caso, es comprender cómo desde todos los rincones en donde nos organizamos vayamos levantando tejido social, imaginando otras formas de vida, sosteniendo la confianza en lo que podemos hacer juntas. Para nosotras eso ha sido muy importante, construir una confianza en nosotras mismas, en nuestra capacidad de acción, en nuestra capacidad de incidir, en nuestra capacidad de transformar la vida.

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El movimiento feminista y, al respecto, la Coordinadora, han desarrollado un importante trabajo cultural y de resignificación simbólica que ha permitido que algunas demandas alcancen una gran repercusión social, posicionando públicamente temáticas de debate. Por ejemplo, poesía, cuerpxs pintadxs, intervenciones urbanas como los cambios de nombres de las estaciones de metro o “un violador en tu camino”, llegaron a un espectro muy amplio de personas. En ese sentido, ¿qué lectura se realiza del arte y la cultura, y su vinculación con las luchas feministas?

Yo personalmente soy socióloga y me dedico a investigación en arte, entonces tengo una particular afinidad con esta pregunta. Considero que tiene que ver con establecer que hoy, lo que está en juego es la transformación de repertorios de acción de las izquierdas tradicionales, repertorios que son también estéticos, y cómo desde los feminismos vamos construyendo nuevos imaginarios, nuevas visualidades, y vamos levantando, también, la posibilidad de cambio en todo orden de nuestra vida. Cuando hicimos la acción del metro, fue igualmente un proceso de investigación; investigar la ciudad y los nombres de las estaciones nos llevó a tomar conciencia del carácter profundamente patriarcal con el que estaba nombrada la ciudad, y tomar conciencia que no había nombres de mujeres que no se trataran de colonizadoras, esposas de latifundistas, santas o vírgenes, esos son los nombres con los que se nos reconocen. La posibilidad de cambiar los nombres, y, al mismo tiempo, generar un proceso de reconstrucción de la memoria histórica del feminismo, en la medida en que los nombres que pusimos fueron aquellos que vecinas o trabajadoras que ocupan estas estaciones decidieron elegir, fue levantado como un ejercicio colectivo, y un esfuerzo mancomunado muy importante. Esto nos llevó a varias cosas: 1, tomar conciencia de la ciudad en que vivimos y cómo está nombrada; 2, reconocer y rescatar la figura de mujeres y disidencia que son parte de nuestra historia, y que queremos construir nuestra propia genealogía; y 3, la capacidad de hacer esto toda juntas, y que, al mismo tiempo, fuera en una acción relámpago, nos llevó a tomar mucha confianza sobre lo que éramos capaces de hacer, y fue un antecedente muy importante para la huelga del 8 de marzo, debido a que generó lo que ese día fue el “súper lunes feminista”, es decir, un impacto mediático, pero también un impacto para nosotras que lo vivimos, en nuestra confianza de lo que pudimos hacer esa mañana. Eso marcó un precedente que tiene que ver con la autonomía. Para muchos resultaba inimaginables que fueran otras que estuvieran detrás de estos, nos preguntaban cómo nos financian. Nos dio risa, aunque, por supuesto, rabia también. Nos gustó la idea de decir “miren lo que somos capaces de hacer”, y convencernos a nosotras mismas de estas capacidades. Quizás uno de los momentos más grandiosos de eso, fue cuando salió José Antonio Kast indignado porque le pusimos Comandante Tamara a la estación Escuela Militar. Fue para mí, personalmente, uno de los broches de esa jornada. También cuándo le pusimos Hija de Perra a la Estación San Joaquín, frente a la Universidad Católica.

Así, varios nombres, por ejemplo, como el de Javiera Neira, fue puesto por su madre. Javiera fue víctima de un feminicidio, y es también el nombre con el que se levanta la campaña por el reconocimiento del 19 de diciembre como Día Nacional contra el femicidio. Entonces cada una era una pequeña historia que marca una historia común, que estábamos transformando ese día en Santiago. Esto tiene que ver con esta forma de otra política, que es con nuestros cuerpos. Al respecto, es muy importante cómo ponemos el cuerpo en estas acciones y salimos de ese lugar de castigo al que estamos sometidas, y tomarnos el espacio público y hacer acciones directas que transgreden las normas de la buena conducta femenina.

Me gustaría hacer un alcance. La acción de Las Tesis, es una acción de ella, no de la Coordinadora. Nosotras, después hicimos acciones tomando el llamado que ellas hacían a replicar esto en otros lugares.

GOBIERNO DE SEBASTIÁN PIÑERA Y ESTALLIDO SOCIAL

¿Cómo evalúan el 2019, que partió en marzo con una huelga general feminista que generó amplia repercusión y simpatía?

Creemos que generó simpatía en la mayoría, pero alta antipatía para el gobierno y los empresarios, que es, justamente, lo que buscábamos lograr. Lo digo, porque nosotras consideramos que ese momento abría un año de movilización, y así lo dijimos entonces, pero nunca imaginamos que íbamos a estar en lo cierto al decir eso. Fue, hay que decirlo, la movilización más grande que había habido en Chile desde el fin de la dictadura, y la protagonizamos nosotras. Ese fue otro acto de fuerza muy importante que marcó la confianza en nosotras mismas. Fue un primer hito que nosotras queremos sostener, la idea de que el 8 de marzo no sea nunca más un día de celebración a las mujeres, un día en que a las trabajadoras les llegan flores o chocolates, o con los dobles de Luis Miguel, sino un día de lucha, y lo que hicieron todas las trabajadoras en sus espacios fue convocar a una huelga. El giro que significó eso es radical, y esa radicalidad es lo que nos interesaba instalar en esa jornada. Esperamos que el 8 y 9 de marzo que viene ahora-porque lo cierto que el 8 este año cae domingo y vamos a extender la huelga hasta el lunes-, poder proyectar la fuerza que tenemos como movimiento feminista, levantarla como una fuerza que logre interrumpir la normalidad, y que inaugure un año de movilizaciones con un programa de lucha, a la vez que abra la posibilidad a pensar que la huelga puede ser mucho más de lo que imaginamos. Nosotras siempre dijimos que puede haber cientos de formas de hacer huelga. Eso fue muy criticado por distintos sectores que nos decían “pero eso no es una huelga” o “que tiene que ver el feminismo con las huelgas”, pero fue una apuesta que nosotras hicimos, y que marcó un antecedente que se ha seguido consolidando: que no tenemos que pedirle permiso a nadie para hacer una huelga y que la huelga iba a ser general de una manera mayor que las huelgas hechas hasta ahora. Además, vimos a lo largo del año que nuestro llamado a huelga tuvo un impacto también en las organizaciones sindicales, en la medida en que comenzaron a llamar cada vez más a huelgas y menos al paro, retomando la idea de la huelga como herramienta fundamental.

Para el 8 de marzo pasado, la coordinadora feminista 8M difundió un programa conjunto de 10 demandas, entre las que se incluían el fin a la violencia política, sexual y económica hacia las mujeres; trabajo digno, estable y seguro; justicia y verdad ante violaciones de DD.HH. que precarizan la vida, entre otras. A su juicio, ¿cuál de todas las demandas presentadas a inicios del año 2019 se ha vuelto más urgente, a partir del estallido social de octubre?

Son 10 ejes, y en cada uno de estos ejes hay varias demandas, así que demandas son muchas más. Cada uno de estos ejes abordaba una dimensión de lucha que, vemos, se han ido profundizando en el último tiempo, y particularmente en estos tres meses. No veo posible la jerarquización, pero sí notar cuestiones como la violencia política-sexual, que nos parece, es un tema que ha aparecido de forma muy clara. Ya hay más de 700 querellas de violencia política-sexual contra agentes del Estado. La impunidad es total, y esta es fruto, como nos enseñó Beatriz Bataszew de la colectiva Mujeres Sobrevivientes siempre Resistentes, de la impunidad histórica que ha habido respecto a violencia política-sexual, que ni siquiera es reconocida dentro de los informes de DDHH como una forma específica del terrorismo de Estado. Entonces, vemos cómo esa impunidad es la que hoy también existe, y es una continuidad de ella. Por supuesto, esto aparece con una preponderancia ineludible.

Entendemos también que como crisis de la reproducción social y crisis de la vida, todos estos temas, y cada uno son fundamentales, porque lo que está en curso es el problema de las pensiones y la falta de reconocimiento del trabajo doméstico dentro de estas, el problema de la salud, donde también son las mujeres las más perjudicadas, es la crisis de los cuidados, es la crisis de la representatividad que también abre la necesidad de nuevas formas de organización social y política, es, sin duda, el aumento de la violencia hacia las mujeres, de los femicidios que van cada año creciendo en número, y, por supuesto, el tema socioambiental. Vemos hoy la necesidad de pensar el agua como un derecho humano, que también ha estado acompañando esta movilización, junto a la negativa a tratados como el TPP-11 o tratados de libre comercio. Así, vemos que lo que hoy está en curso una crisis radical, que nos habla de una transformación igualmente radical.

La Coordinadora Feminista 8M ha asumido una posición crítica respecto al gobierno de Piñera y su respuesta en forma de “Agenda Mujer”. ¿Qué lectura hacen de su gestión antes y después del estallido social de octubre?

Nosotras consideramos que el gobierno criminal de Sebastián Piñera ya venía consolidando una política de precarización de la vida, centrada en la represión y la persecución, como vimos con políticas como Aula Segura, una de las demostraciones más cruentas de cómo se persigue y castiga a sectores movilizados de estudiantes. Una política de precarización que vimos con la reforma al sistema de pensiones que buscaban instalar, y, por supuesto, en el caso del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, con la ministra Plá, que ha sido cómplice de la violencia política-sexual a la que estamos expuestas. Bajo su mandato se despidió a muchas mujeres movilizadas, y a trabajadoras y trabajadores de los centros dependientes del Ministerio. Entonces vemos cómo todos esos antecedentes, en el contexto del estallido, hoy aparecen muy visibles, siendo focos de crítica abierta de sectores cada vez más amplios de la población. También vemos cómo es efectivamente el actual gobierno, que ha buscado mantenerse bajo ciertos signos de una derecha liberal. Un gobierno que a las 8 horas del estallido decide sacar a los milicos a las calles marca el fin del relato del Nunca Más, demostrando que el Nunca Más nunca fue respecto a la represión y a los militares, sino Nunca Más a la lucha de clases, o Nunca Más a la posibilidad de la revuelta. Es una vez que aparece la movilización que rápidamente surgen todas estas medidas, como el llamado al Estado de Emergencia o la aprobación, que hemos visto en estos días, de la ley para proteger infraestructura crítica. Todo esto nos hace ver que estamos ante un gobierno que tiene un nivel de aprobación bajísimo, histórico, menos de 6%, que lleva más de cuatro informes que lo declaran como violador de los DDHH, con ministros como Plá, la ministra Cubillos, Blumel sumamente cuestionados, o figuras como Chadwick, que tuvo una acusación constitucional, pero que no tuvo ningún efecto en términos de asumir un juicio y castigo, o Iturriaga, que estuvo a cargo durante el Estado de Emergencia, todos en total impunidad. Por eso, nosotras hemos sido enfáticas en exigir que se vaya Piñera, exigir que se vayan cada uno de sus ministros. Esta es una demanda que ha estado desde el comienzo, pero hoy, nos parece, es una demanda que no podemos dejar de sostener. Por eso, la huelga va a ser un llamado a la renuncia de todas estas figuras, porque sostener este gobierno es sostener la impunidad, y no podemos construir una posibilidad democrática, e incluso constituyente, en este contexto.

¿Cómo evalúan el II Encuentro Plurinacional de las que luchan?

Este encuentro fue muy importante por dos motivos. Uno, quizás el más evidente, que llegó el doble de mujeres y disidencias que el año anterior, fuimos más de tres mil las que asistimos, y más de cinco mil las que se inscribieron al encuentro. Esto demuestra, también, la potencia que tenemos desde el movimiento feminista, de hacer convocatorias con una masividad que sabemos que hoy día no está contenida en casi ningún otro sector social. Junto con eso, para nosotras fui también muy importante, ya que el encuentro lo levantamos no solo como Coordinadora Feminista 8m, sino con muchas otras organizaciones, lo cual marcó su carácter plurinacional. Ahí participó la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, Crisálida, transfemeninas organizadas, la agrupación lésbica Rompiendo el Silencio, la Red de Mujeres Mapuche, la Secretaría de Mujeres Inmigrantes y Negrocéntricas. Así fue posible proyectar radicalmente este feminismo, como feminismo que se levanta antifascista, con las disidencias, libre de transfobia, un feminismo intergeneracional, y con una perspectiva común contra la precarización de la vida. Fueron varios elementos que permitieron dar el carácter general de este encuentro, posicionado, también, como un encuentro anticarcelario, que para nosotras es una línea de acción muy significativa en un contexto como el de hoy, con más de 2000 presos y presas políticas. Lo que levantamos fue, por una parte, un balance del estallido y del año en clave feminista; luego hicimos una discusión sobre cómo nos íbamos a posicionar respecto al terrorismo de Estado, y en eso, exigir el fin a la violencia política-sexual, el fin a la violación de los DDHH; Juicio, Castigo y Reparación-se armó una comisión de Juicio, Castigo y Reparación-, exigimos, por eso, la renuncia a Piñera, a Plá, Cubillos, y a quienes hoy le han declarado la guerra a los pueblos; la libertad de todas las y los presos políticos. Esta primera línea la levantamos desde la organización, llamando a seguir movilizadas, ocupando las calles y organizándonos en ejercicios de autodefensa y de lucha. Junto con eso, levantamos, una vez más, nuestro programa, un programa que esta vez incorporó seis ejes más que el año anterior, por ejemplo, se suman la lucha anticarcelaria, se suma también un eje sobre salud y buen vivir, se formó uno de inmigración y refugio, de niñez, de internet y tecnologías digitales feministas, y que, tal como el anterior, será un programa de lucha, que pensamos en clave de demandas y exigencias urgentes, otra a nivel general que proyecten transformaciones más estructurales, y pensar también en el proceso constituyente que está en curso, cómo podemos imaginar demandas que sean parte de la elaboración de una nueva Constitución. Lo que nosotras entendemos como proceso constituyente, no es exclusivamente lo que ofrece la institucionalidad, sino lo que abre este momento desde los pueblos, como constitución de nuevos horizontes políticos.

El Plan de Lucha, ahí levantamos el carácter y el despliegue que vamos a tener para la huelga general feminista del 8 de marzo, la forma en que nos vamos a seguir organizando territorialmente en las asambleas que se han levantado en estas jornadas, y también el llamado a cómo nos organizamos de manera transfronteriza con otras compañeras de otras latitudes. De hecho, al encuentro llegaron más de 150 mujeres y disidencias de distintos países de América Latina y del mundo.

En torno al proceso Constituyente, hubo un acuerdo respecto a que existe un rechazo a la forma en que fue establecido el pacto por la paz y la nueva constitución, también un acuerdo que reconoce el Plan de Lucha como un programa por el cual orientar nuestra acción política; pero no existe acuerdo, y eso es importante decirlo, respecto a cuáles van a ser las estrategias para enfrentar el proceso a nivel institucional. La demanda general sigue siendo por una asamblea constituyente, feminista, popular, y plurinacional, pero, para efectos de los tiempos que ofrece la institucionalidad, y que no son los tiempos de los movimientos sociales, existen distintas lecturas y respuestas. Para nosotras es importante dar espacio a esa diversidad al interior de movimiento feminista. Con esto quiero decir que hay sectores que llaman al boicot del plebiscito, como hay sectores que llaman a levantarlo y defenderlo programáticamente, o a sumarnos e incidir. Lo que está claro, es que no vamos a permitir que este acuerdo nos divida, abriendo, desde el movimiento, un proceso constituyente que es más amplio que eso.

Para nosotras es importante que este proceso constituyente en curso lo entendamos también como un proceso destituyente, que quiere decir, por una parte, que el 18 de octubre aparece la necesidad de destituir la vida que teníamos, por eso, desde ese momento, hemos vistos rayados de No más Abuso, No más sequía por el saqueo empresarial, No más desigualdad, No más educación de mercado, No más AFP, es decir, un ejercicio destituyente que significa decir que No a muchas cosas en esta vida, y nosotras como feminista sabemos que decir que No es un ejercicio político. Por eso, cuando decimos que “No es no” es una posibilidad de insistir en esa negación. Así como existe la necesidad de construir otra vida, constituir otras formas, queremos insistir en que hoy tenemos que seguir destituyendo esta vida, esta sociedad, esta economía, y, también, destituir a este gobierno.

¿Qué condiciones creen necesarias para imaginar un posible desenlace para el conflicto?

Nosotras consideramos que el estallido abre un momento de revuelta, que ya lleva 3 meses. Esta es una crisis profunda, y debe entenderse como tal. Lo más relevante hoy, es cómo vamos construyendo una fuerza propia, y entendemos el feminismo como posibilidad para esta fuerza propia. Es un momento de imaginación política radical, con eso quiero decir imaginar radicalmente otra vida, otra sociedad, y eso toma tiempo. En ese sentido, la forma que vayan a tomar las respuestas institucionales a esta crisis no va a apuntar a la envergadura de la crisis. Entonces, lo que aquí está en curso es un proceso donde vamos a ir abriendo una alternativa cada vez mayor y con más fuerza, en la medida que nos vayamos organizando desde los movimientos. Es ahí donde vamos a exigir las transformaciones, que no solamente se resuelven con una nueva Constitución, o con algunas medidas parciales, sino que significa una impugnación que nos lleva a imaginar otra forma de sociedad, otra forma de democracia, y otra forma de economía. Consideramos que aquí recién estamos viviendo un primer momento de este proceso, que no quita que no tengamos urgencias en temas como las violaciones de los DDHH, respecto a la necesidad de liberación para nuestras presas y presos políticos. Entendemos que acá tenemos que ir de a poco construyendo y fortaleciendo esto que por mucho tiempo nos fue negado: la capacidad de organización que tenemos como pueblo.

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