Sale “Rebeldías”, Revista anarquista, N°5, otoño 2020 (Para leer en línea y descargar)

Hace ya casi un año y medio que sacamos nuestra última edición. En aquel entonces, nuestro continente asistía a un nuevo ascenso de la ultraderecha en el poder. En Chile, Piñera dio inicio a su mandato con una contundente victoria electoral; en Argentina, Macri imponía con puño de hierro sus políticas neoliberales. Caso contrario sucedía en Estados Unidos, con un Trump proteccionista que buscaba darle un nuevo impulso a la añeja economía yanqui, mientras Brasil daba un giro de 180 grados, desde la izquierda extractivista (con el Partido de los Trabajadores en el poder), hacia el neofacismo de Jair Bolsonaro, otrora capitán de ejército, conocido por ser un negacionista ferviente de los derechos humanos y defensor de la última dictadura que asoló a su país. En Bolivia, un golpe de Estado policial-militar obligó a Evo Morales a renunciar, instaurando un régimen autoritario de viejo cuño, amparado en el racismo, la religión y el poder castrense. Casos parecidos sucedieron en Ecuador, Perú, Honduras, Haití, Uruguay y Colombia, países donde la dictadura neoliberal ha forzado cambios económicos profundos que provocaron malestar generalizado en la población.

A pesar de los contextos diferenciados y de la diversidad de motivaciones, la oleada de protestas que ha vivido América Latina durante el 2019 parece levantarse por una rabia compartida. La corrupción de los “gobiernos progresistas”, la crisis del modelo económico extractivista basado en la exportación de materias primas (saqueo que hoy amenaza con la imposición en el continente del megaproyecto IIRSA-COSIPLAN), y la implementación de agresivas políticas económicas por parte de las nuevas administraciones de derecha, han forjado el rechazo común a una clase política que no tiene nada más que ofrecer. Tras años de promesas vacías, “nuevos rostros” políticos, y conflicto intraelitario, la sociedad latinoamericana deja en claro que el problema no depende de quién gobierne, sino de la idea misma de gobierno.

En Chile, las medidas neoliberales aplicadas por Piñera han desnudado la lucha de clases, oculta, aparentemente, en pactos gobernantes y el engaño de las reformas. La desigualdad expuesta en toda su crudeza, que no puede ser maquillada por la idea democrática, explotó en una hermosa ola de violencia contra todo símbolo y representante del actual sistema de dominación colonialista. El desvergonzado actuar de la elite, mientras imponía al resto de la sociedad implacables medidas de empobrecimiento y obediencia, rompió la contención institucional. La marea de personas movilizadas contra sus respectivos gobiernos ha delineado un horizonte marcado por posibilidades revolucionarias. Y, si bien, la espontaneidad de la violencia es esperanzadora, sus alcances aún están por verse.

El inicio de la revuelta en Chile, el 18 de octubre del 2019, parece abrir un nuevo período para la transformación revolucionaria. Pero ¿estamos preparadxs como anarquistas para este desafío histórico? Las voces de compañerxs de lucha se escuchan fuerte como un saludo fraternal que recorre las múltiples confrontaciones contra el poder. Aun así, el Estado, junto a la elite política y económica, no renunciarán fácilmente a la estructura de dominio que les ha dado tantas prebendas materiales. La reacción en Chile, y en América Latina, amparada en brazos policiales y militares, ha dejado una estela de mutiladxs, heridxs, muertxs, presxs, y perseguidxs, a lxs cuales no abandonaremos ni olvidaremos, pues han caído defendiendo un ideal de justicia en favor de las personas más necesitadas.

Las acciones de la clase gobernante han sido acompañadas de medidas legislativa que sólo han profundizado el control de las manifestaciones de descontento. Y, mientras lxs pobres y lxs luchadorxs sociales llenan las cárceles, se vuelve a ofertar la solución institucional. El acuerdo del plebiscito por una nueva Constitución, tal como se hizo con el plebiscito del “sí y el no” en la década de los 80´s, viene a tirar por tierra todo avance logrado en las calles, dejando nuevamente en manos de quienes gobiernan desde hace ya 200 años, y de sus métodos “demócratas”, la definición de nuestro futuro, el cual poco a poco hemos ido conquistando.

El acuerdo constitucional, nacido bajo el pacto de toda la clase gobernante, desde la UDI hasta el Frente (demasiado) Amplio, viene a poner la trampa en la cual no debemos caer. Tal como en los 80’s muchxs se negaron a participar del fraude del fin de la dictadura con un lápiz y un papel, no debemos caer en los juegos del poder, que planifica un plebiscito que se ve como un triunfo, pero en el cual no tenemos ninguna voz.  La misma clase política ha definido las fechas, las preguntas, las respuestas, y, hace poco, cambiado para el mes de octubre la votación en el contexto del coronavirus, sin consultar a nadie. El gobierno se cae a pedazos, pero no ha sido capaz de dar mínimas respuestas a lo que pueblo pide en las calles desde octubre.

La elite no soltará sus privilegios porque un plebiscito lo diga; no les interesa. La crisis sanitaria provocada por la pandemia del COVID-19 es inflexible en sus lecciones sobre la sociedad de clases. Lxs privilegiadxs, quiénes han turisteado por Chile y el mundo su irresponsabilidad, no son capaces de tomar las mínimas precauciones para evitar contagios, desplegando una irracionalidad que parece sociopatía. En la maniaca obsesión de mantener su estilo de vida han llegado al límite de exponer a lxs trabajadorxs, principalmente asesorxs de hogar, como sacrificio humano en el altar del capital. Y, mientras, se avizoran problemas de abastecimiento y de cuidado comunitario (las denuncias de violencia machista han aumentado dramáticamente). Ante la pregunta ineludible que se ha presentado a la sociedad, sobre qué vale más, la vida o las ganancias, debemos responder sin dudar: el desarrollo armónico de todx ser vivx, a partir del apoyo mutuo y la solidaridad con lxs más necesitadxs en estos momentos; incluyendo, la urgente situación de lxs presxs.

Así, nos encontramos en tiempos de incertidumbre, tiempos de espera y de reflexión. Obligados al confinamiento, debemos atrevernos a pensar el mañana como una pregunta con posibilidades abiertas. Con todo, no debemos dejarnos atraer por el canto de sirena institucional. Mientras el miedo se instala en el hogar de la población, la clase gobernante erige nuevos liderazgos como salidas obligadas a la revuelta. Liderazgos rancios que buscan canalizar discursos de descontento contra la clase política de la cuál son parte. Las posibilidades creadoras solo pueden provenir del pueblo organizado, sin gobierno, ni gobernados. Por lo mismo, no debemos olvidar la vigencia de las palabras, como negro murmullo de descontento, que nos recuerdan que la lucha debe ser insistente, firme, y que no debe detenerse hasta la revolución total, hasta la caída de toda estructura de autoridad: “¡Mientras exista miseria, habrá rebelión!”

¡¡Libertad a lxs presxs, libertad a los pueblos,
guerra al Estado, el capital y el patriarcado!!

¡Venganza por cada una de las muertes y las mutilaciones!

Formato PDF REBELDÍAS OTOÑO 2020 Nº5

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